3/12/10

La problemática de una falta de política ambiental

Hace apenas unas décadas, el medio ambiente no formaba parte de las principales preocupaciones de la humanidad. Ese rol lo ocupaban otras cuestiones entonces más importantes en la agenda pública internacional, como la guerra fría, la deuda externa y otros problemas. Hoy en día, por suerte, la conciencia de que el ambiente en el que vivimos no es un recurso inagotable e invulnerable se está instalando en la cultura de las sociedades actuales y en la agenda pública de los estados. Sin embargo, la gestión de las políticas ambientales se halla aún en pañales frente a los urgentes desafíos de las próximas décadas en las que no es aventurado suponer que asistiremos a una profunda reconversión ambiental del desarrollo y la política.
La política ambiental es la fijación de un conjunto armónico e interrelacionado de objetivos, que se orientan al mejoramiento del ambiente y al manejo adecuado de los recursos naturales. A estos objetivos se deben incorporar decisiones y acciones específicas destinadas al cumplimiento de los mismos, con el respaldo de normas, instituciones y procedimientos que permitan lograr su funcionalidad.
Una política ambiental implica un desafío, y al mismo tiempo un compromiso. Como parte de un concepto innovador, no se debe separar lo ambiental de lo social. Hay que tomar conciencia de que los aspectos sociales están ligados al ambiente, así como el ambiente está ligado a la sociedad. Una política ambiental busca que los ciudadanos sean un gran aporte en la consecución de los objetivos propuestos. Conseguir estos objetivos va más allá de incorporar cambios de actitud en prácticas diarias de trabajo, ya que también buscamos que el ciudadano lleve estas nuevas prácticas a sus hogares, los aplique, y así generar ambientes más saludables, llenos de vida, elaborados a conciencia, y sobre todo pensando en el legado que estamos dejando a las futuras generaciones. Los conceptos de gobernabilidad e institucionalidad son fundamentales para la construcción de una política ambiental sustentable.
El continente americano ilustra muy bien la transición de la pobreza y la contaminación hacia la riqueza y la salubridad. Por un lado, Canadá y Estados Unidos son países ricos y desarrollados que hace muchos años hicieron esta transición. La gente en esta parte de América generalmente vive muchos años, se beneficia de una economía e infraestructuras totalmente integradas, y tienen pocos problemas ambientales locales como contaminación, aguas sucias, y mala salubridad. Esto trae beneficios a la salud humana: la gente por lo general vive por más años y no tienen que realizar trabajos pesados.
En contraste, los demás países del continente americano, Latinoamérica y las naciones del Caribe, se encuentran estancados en una etapa temprana de desarrollo. Estos países cuentan con diferentes prioridades y muchos aún necesitan llevar a cabo la transición para convertirse en naciones tecnológicamente sofisticadas y completamente desarrolladas. Muchos de los países latinoamericanos aún sufren del subdesarrollo, de la corrupción, y de la carencia de instituciones que permitan el crecimiento económico. Algunos no cuentan con instalaciones sanitarias básicas, y mucho menos con las tecnologías médicas sofisticadas que disfrutan sus contrapartes de los países desarrollados. En lo referente al caso que nos ocupa, el ambiente, nos encontramos con diversas políticas: severa, lábil, suave, flexible, entre otras.
Si la problemática ambiental es de carácter político, así debe ser su tratamiento en la elaboración de planes, programas, y proyectos de desarrollo. Y así también debe ser la articulación de los distintos niveles de toma de decisiones; es decir, se debe tratar de promover el debate y la participación ciudadana, garantizando su efectividad a través de la educación ambiental, la información verídica y otros instrumentos de participación regional y local.
No hacer nada en este campo también es una política. La política del no hacer. Es una política en si misma. La falta o ausencia de una política permite el establecimiento de procesos productivos sin un control adecuado, aceptando sus inconvenientes, promoviendo su instalación, en la búsqueda de un beneficio supuesto de oferta de mano de obra.
La contracara es la política del impedimento. Las reglas del mercado pueden regular una política y viceversa. Una política hiperrestrictiva, hipercontroladora y sobredimensionada puede ocasionar el colapso de un sistema de producción.
El escenario institucional ambiental de nuestro país comprende una serie de competencias atomizadas, fragmentadas, que en muchos casos se superponen y hasta se contradicen. Esto genera un alto nivel de incertidumbre al momento de formular la política y, especialmente, al momento de aplicarla, lo cual impacta tanto en la calidad de nuestro ambiente como en la dinámica de la economía.
El diseño de políticas ambientales debe considerar la estrecha vinculación que existe entre el desarrollo social, el crecimiento económico y la protección del medio ambiente, priorizando las necesidades de los países en vías de desarrollo para el logro del crecimiento económico sostenido y la erradicación de la pobreza.
En este sentido, los gobiernos locales son los que actúan como primer escalón del sistema estatal y por lo tanto, los responsables de ejercer influencia sobre los modos y prácticas de la población de manera de afectar estratégicamente las condiciones de producción, consumo y estilos de vida.
El objetivo de una política ambiental es lograr un desarrollo sustentable, no obstante las políticas económicas, globales y sectoriales, se formulan sin considerar que las su implicación a largo plazo en los objetivos macroeconómicos, pueden llevar a impactos negativos en el ambiente. Por otro lado la brecha existente entre las definiciones de política ambiental en Venezuela y las acciones y resultados concretos, indican la necesidad de generar herramientas que permitan orientar la toma de decisiones políticas en función de la revalorización de los recursos ambientales, Se debe desarrollar sobre la base de tres componentes: la económica, la de índole política e institucional y la relativa al proceso productivo y el ambiente.
El propósito final de la política ambiental es guiar el desarrollo a fin de alcanzar una calidad de vida satisfactoria para la cada uno de los Venezolanos y Venezolanas, y hacer ese desarrollo sustentable, justo y equitativo. Basado en esas metas generales, se proponen los siguientes objetivos:
• Disponer de información adecuada sobre la cultura y los ecosistemas nacionales para impulsar el desarrollo sustentable: El desarrollo sustentable requerirá apoyar los cambios en la forma en que se utilizan los recursos naturales y humanos. La ciencia y la tecnología -y la obtención de información - son fundamentales en ese proceso. La generación y procesamiento de la información; la transferencia y adopción de la tecnología; y, sus apropiados, dependen de una política ambiental bien constituida.
• Conservar la biodiversidad y la información genética: La conservación e investigación de los ecosistemas menos alterados deben servir de base para la definición de nuevas tecnologías que permitan la intensificación del desarrollo pecuario y apoyar otras alternativas de desarrollo. La conservación de humedales y costas debe ser objetivo fundamental por parte del Estado.
• Disminuir los residuos e incrementar el reciclaje: El concepto de que aún los bienes utilizados recuperan valor a través de reciclaje está basado en una sólida experiencia y en un manejo ambiental bien orientado. Este concepto se aplica a varias escalas de productividad y de densidades poblacionales. Para alcanzar este objetivo se requiere, desde el manejo de incentivos fiscales hasta la provisión específica de financiamiento que aliente la demanda de bienes a reciclar y desincentive la dispersión de residuos contaminantes y/o biológicamente no degradables.
• Conservar la energía e intensificar el uso de fuentes renovables: La política energética es parte esencial de la política ambiental. El aprovechamiento energético debe formularse en función de su efecto en la calidad de vida, en la conservación de fuentes de energía, en la captación de fuentes ambientalmente benignas y con potencial uso comercial. Resulta de mucho interés la generación de energía eléctrica utilizando el potencial eólico del país; si bien esto no incidirá sustancialmente en la oferta de energía comercial, permitirá en cambio continuar el desarrollo de dicha tecnología y diversificar las fuentes tradicionales, en un campo en el que Venezuela es altamente vulnerable.
• Mantener el control ambiental compartido localmente: La ejecución de la política ambiental que sea socialmente relevante requiere de una concientización social de la población y de mecanismos consistentes de gestión pública y privada. Eso, a su vez, requiere el fortalecimiento del sistema educativo formal que integre el individuo y la sociedad en un contexto donde la ciencia ambiental pueda jugar un papel de importancia. Los medios de comunicación y la organización social existente deberán tener una participación mayor y más positiva en la difusión, investigación y desarrollo de pautas y valores ambientales. Al mismo tiempo, esos dos agentes constituyen los más eficaces mecanismos de control de la calidad ambiental. De igual manera una legislación ambiental que incorpore el consenso social alcanzado servirá de apoyo al objetivo de mantener la calidad de vida.
Cada sociedad tiene una prioridad social, económica o política diferente. El grado de interés dependerá de la realidad que les toque vivir a cada una de ellas. Es cierto que la prioridad social de los venezolanos, hoy se relaciona más con sus necesidades básicas. ¿Pero no es una cuestión básica el tener en cuenta el cuidado de nuestro propio planeta?
El ambiente también necesita de políticas, iniciativas y programas que abarquen los desafíos que hoy enfrenta el país y el mundo. Pero en Venezuela pasa a ser un tema más dentro de una larga lista de promesas. Es una decisión de toda la dirigencia renunciar a los problemas de fondo. El poder político abandonó el proyecto de país, por lo que es coherente que hoy también abandone el tema del cuidado del planeta. Tal vez entonces sea hora de que todos lo incluyamos en nuestra agenda.
Nuestra generación se enfrenta a la oportunidad más extraordinaria de grandeza que ninguna otra generación en la historia de la humanidad haya tenido jamás. Si no cambiamos nuestro rumbo y simplemente nos detenemos a dejar que el planeta colapse, seremos más odiados que ninguna otra generación que haya existido. Las futuras generaciones sabrán que nosotros éramos concientes de la peligrosa explosión demográfica de nuestra especie, de la pérdida de la biodiversidad, del calentamiento global, de la contaminación de los mares, el aire y la tierra, del adelgazamiento de la capa de ozono. Podrán observar que teníamos información más que suficiente para comprender que los problemas que habíamos provocado requerían de soluciones: y verán con igual claridad que fallamos para actuar con la fuerza suficiente para salvar a la Naturaleza. Y nos odiarán por eso porque habremos cambiado nuestro confort por su futuro.
No hay justicia social sin la justicia ambiental, y ninguna justicia ambiental sin la justicia social.

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